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Antònia Font: Lamparetes


(Pequeño preambulo para ubicarnos un poco: Edu Lindes es nuestro respetado periodista melómano favorito de España, creador de la REVISTA PLASTICA. Hace unas semanas nos pusimos de acuerdo y nos dio el honor de abrir una columna en el Blog de Hapyy-fi. Nos entusiasma mucho presentarles su primer post de bandas del viejo continente, las cuales desconociamos, y nos encantan. Edu, GRACIAS!!!!)

Ahora que ya no se venden discos y que, de entre los pocos que se venden, la mayor parte suele corresponder, bien a intérpretes orientados al mercado adulto más rancio, o bien al mercado infantil, en los últimos meses la lista oficial de ventas en España ha mostrado una tendencia ni insólita ni sorprendente, pero probablemente sí inesperada.

No es insólito que grupos que cantan en lengua catalana ocupen lugares destacados en el top de más vendidos. Ni debería sorprender en exceso que, de entre los primeros puestos, un número considerable correspondan a grupos de Baleares, Comunidad Valenciana o Cataluña: allí coexiste una gran tradición musical con un momento de asentada efervescencia, apuntalado por un circuito de salas y un apoyo de la Administración, probablemente mayor y más constante que en cualquier otra parte de la geografía española.

Lo que probablemente sí es inesperado es que, dentro de ese selecto grupo de artistas que, además de llenar las salas, convencen a su público para que atesore sus discos, haya entrado un grupo consagrado pero considerablemente reciente, como es Manel, con su histórica entrada en el número 1 de ventas.  Y ciertamente inesperado era –al menos para nosotros- que la propuesta, siempre interesante, siempre imaginativa y original, de Antònia Font, haya merecido semejante apoyo por parte de sus seguidores.

Han sido cinco años sin material nuevo, y eso importa. Pero lo que más importa, es que los grupos que hacen música desde la independencia artística, y buscan desde ella la excelencia, se fijen en lo logrado por la banda mallorquina: un disco como venido de otro tiempo. De aquellos años en los que sí se vendían discos, vinilos en cantidad, y en los que las compañías de discos arriesgaban –cuando un marciano, como Sisa, podía contar con un gran presupuesto, a la altura de su originalidad y sus ideas, y que aquí se grabase algo como ‘Orgía’, álbum a la vanguardia mundial, en el momento de su lanzamiento-. Ahora las cosas son distintas, los grupos que no quieren renunciar a un acabado estelar deben lograrlo, bien haciendo uso óptimo de unos recursos limitados, bien llegando a empeñar parte de su patrimonio, de primeras por amor arte, a la espera de que sus seguidores respondan y recuperar lo invertido –en imaginación, en tiempo y en dinero-, mediante los conciertos y, en contados casos, también mediante la venta de discos.

En ‘Lamparetes’, Antònia Font han derrochado imaginación y recursos artísticos. Llegados a esta parte de la reseña, cabe obviar ya si la grabación les ha costado más o menos. La reflexión sobre las circunstancias del mercado discográfico es necesaria y, espero, oportuna, para añadir un grado más de mérito al resultado final. Pero cuando se trata de decirle a alguien que escuche y –por qué no- compre un disco, apelar a lo que ha costado hacerlo…

Además, respecto a ‘Lamparetes’, el contenido musical es tan de primer orden –uno de los mejores discos del año, hechos aquí o en otra parte, cantados (o callados) en cualquier idioma posible-, las canciones tan deslumbrantes en sí mismas –‘Calgary 88’ es un monumento, una obra humana de esas pocas que uno podría comparar con un montaña o un paisaje natural; una maravilla-, las composiciones de Joan Miquel Oliver acumulan tantos aciertos –historias cercanas transitando con toda naturalidad el camino que queda dibujado sobre esa suerte de escritura automática y fantasiosa que él sabe practicar- y el sonido es tan rico en matices, tan rebuscado en el mejor de los sentidos y, al mismo tiempo, tan limpio, tan luminoso y amplio; es todo tan bueno y bonito, sin obviedad ninguna, que la misma escucha de las catorce canciones convence hasta el punto de hacer olvidar todo lo demás.

El mundo de Antònia Font es un mundo de fantasía, espacial, submarino, de tebeo y, en este caso, un mundo que mira al futuro y canta al progreso, sin olvidase de lo vivido, de lo aprendido. ‘Lamparetes’, publicado por Robot Innocent –sello dirigido por la propia banda- funcionaría perfectamente como autoafirmación. Pero es que, como oyente, lo que yo siento es que Antònia Font a quien está reivindicando es a mi, mi capacidad de maravillarme hoy de la misma manera que lo hice al escuchar por vez primera el ‘Patriots’ de Franco Battiato. Otro álbum de calidad que fue un éxito y que estaba compuesto de los elementos más desafiantemente exquisitos. Entre ellos, los tres más importantes: el talento, la originalidad y el respeto absoluto por la inteligencia del oyente. Tres pilares que, todavía hoy, pueden levantar y sostener comercialmente un disco.

¿Aprenderán las discográficas? Verdaderamente, nos importa poco: lo importante es que sepan los autores, los que inventan, por los que hay que apostar; los que apuestan por sí mismos y por nosotros, que nos enamoramos de canciones que, si habitualmente escasean en los lanzamientos más publicitados, aquí abundan. ‘Lamparetes’ está repleto de talento, de enormes canciones para siempre.

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